El 23 de marzo de 2021, los ciudadanos del Estado de Israel, irán a las urnas para elegir a sus representantes al parlamento, por cuarta vez, en menos de dos años. La política atraviesa una era de inestabilidad desde finales del 2018, lo que ubica a Israel como una de las democracias con mayor frecuencia de elecciones. Este desequilibrio, afecta al país en todos sus aspectos.

Israel es una democracia parlamentaria. En este sistema, la autoridad emana del voto de confianza que el parlamento le concede al gobierno. En hebreo, el parlamento se llama “Knesset”, en memoria de una institución de los días del Segundo Templo, que tenía 120 miembros. Hoy la Knesset cuenta con 120 escaños.

Elecciones Israel

 

Las elecciones a la Knesset se llevan a cabo una vez cada cuatro años, pero la Knesset puede anticiparlas. El 25 de enero de 1949 se celebraron por primera vez elecciones en el Estado de Israel para la Asamblea Constituyente, que se convirtió en la primera Knesset.

En 1992, se promulgó la “Ley de los Partidos”, que estipula que sólo los partidos registrados ante el Registro de Partidos pueden participar en las elecciones y presentar una lista de candidatos.

La cantidad de votos que recibirá una lista o partido en las elecciones, se comparará frente al número total de votos de todo el país y el número de candidatos que ingresarán a la Knesset de la misma lista, dependerá de su poder electoral relativo.

Por ejemplo, la lista “A” recibió el 10% de los votos. Como en la Knesset hay 120 escaños, la lista “A” tendrá 12 miembros en la Knesset.

Una limitación que es importante tener en cuenta es el “umbral electoral”. Este es un número mínimo de votos que debe acumular una lista para que sus representantes sean elegidos a la Knesset. Antes de 1992, el umbral era del 1% del total de votos. Entre 1992 y 2004 se elevó al 2%. En marzo de 2014, antes de las elecciones al vigésima Knesset, se elevó al 3,25%.

En las elecciones para la Asamblea Constituyente, la participación fue particularmente alta, alcanzando el 87%. En las elecciones posteriores, la participación se redujo al 75%. A finales del siglo XX, la participación rondaba el 80% y en el siglo XXI se redujo a alrededor del 70%.

Dentro de los siete días posteriores al día de las elecciones, se publicarán los resultados oficiales. El presidente debe asignar a uno de los miembros de la Knesset la tarea de formar el gobierno. Como no sucede que un partido obtenga más de la mitad de los escaños en la Knesset, el partido que obtuvo el mayor número de votos, negociará con otros partidos para formar una coalición de gobierno de al menos 61 miembros y así obtener el voto de confianza por parte de la Knesset, para conformar el gobierno.

El partido Likud, encabezado por Benjamín Netanyahu, ganó las elecciones de abril de 2019 y las de septiembre de 2019 pero no logró conformar una coalición de gobierno y, por lo tanto, las dos veces, la Knesset se dispersó al comienzo de su mandato. Las elecciones para la vigésima tercera Knesset en marzo de 2020 tampoco arrojaron resultados decisivos. El Likud obtuvo 36 escaños, pero otra vez no logró formar una coalición de gobierno, mientras que los partidos que se le oponían tenía una mayoría de más de 62 escaños creando un frente conocido en la política israelí como “mayoría de bloqueo”. Netanyahu logró formar un gobierno paritario en 2020, pero los miembros no lograron superar sus diferencias y 9 meses después, el gobierno cayó, lo que nos llevó a las actuales elecciones.

Treinta y nueve listas de candidatos se registraron para participar en estas elecciones, pero según las encuestas, solo 14 de ellas tienen una posibilidad real de pasar el “umbral electoral”. A la derecha del mapa político hay tres partidos: “Likud”, “Tikvá Hadasha” (Nueva Esperanza), y “Yemina” (A la Derecha). Estos tres colocan a sus líderes, Guideón Saar, Neftalí Bennett y Benjamín Netanyahu como candidatos para primer ministro. En la extrema derecha se presenta sólo un partido llamado Sionismo Religioso. Hay dos listas conformadas por grupos de judíos ortodoxos (“Shás” y “Yahadut Ha Torá) y una volcada a los judíos que inmigraron de la antigua Unión Soviética (”Israel Beiteinu). La minoría árabe se presenta con dos listas esta vez: “Ha Reshimá Ha Meshutefet” (la Lista Conjunta) y “Ráam” (La Lista Árabe Unida). El centro político tiene cuatro partidos: el Partido Laborista, “Yesh Atid” (Hay Esperanza), “Cajól Labán” (Azul y Blanco) y el Nuevo Partido Económico. Yair Lapid, presidente del partido Yesh Atid, también se presenta como candidato a primer ministro. En el ala izquierda, sólo hay una lista, el partido “Meretz” cuyo nombre es una sigla pero las letras conforman la palabra “Energía”. 

La parashá de esta semana nos presenta dos episodios “fuertes”: el relato acerca Yosef y sus hermanos y el relato acerca de Tamar y Yehudá. Ambos quedaron registrados en nuestra memoria dado su alto grado de dramatismo, sin embargo, no siempre recordamos que un relato está entretejido en medio del otro.

La historia de Tamar y Yehudá interrumpe de manera inesperada la secuencia de los acontecimientos en torno a Iosef. Queda claro que este receso en el relato no es un intervalo literario, sino una insinuación de un mensaje más profundo.

El midrash nos brinda una línea de probable respuesta “y enviaron la túnica de muchos colores y la llevaron a su padre, y dijeron: Encontramos esto; te rogamos que lo examines para ver si es la túnica de tu hijo o no” (Gén. 37:32).

Dijo Rabí Yojanán, le dijo el Santo Bendito a Yehudá: tú le has dicho a tu padre “te rogamos que lo examines para ver “, así te dirán a ti “Te ruego que examines y veas” (Gén. 38: 35)” (Bereshit  Rabá 24).

Así como los hijos de Iaakov enviaron la túnica de rayas y pidieron a su padre que la reconozca así Tamar envía a Yehudá la prenda que le había dejado diciéndole: “Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió: Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo” (Gén. 38:25).

Parecería que la amarga suerte de Yehudá que debe elaborar el duelo por su mujer y por sus hijos uno tras otros, está relacionada de alguna manera a su participación y conducción en el terrible acto de la venta de Yosef “Sucedió por aquel tiempo que Judá se separó de sus hermanos, y visitó a un adulamita llamado Hira” (Gén. 38:1), el rabino Shimshón Rafael Hirsch interpreta que Yehudá se había alejado de sus hermanos “aquí hay un símbolo  de la tensión y el desmembramiento que estalló entre los hermanos a consecuencia de lo hecho a Iosef, esta tensión fue dirigida sobre Yehudá en especial, quien parece que era el de mayor influencia sobre todos y bajo su conducción aconteció el triste episodio”.

Yehudá desciende de su status de líder entre los hermanos. La acción de los hermanos, y de Yehudá como figura conductora, es un descenso moral, la mayor degradación y deshonra.

Puede ser que exista otra línea de similitud entre los personajes, y  es la valentía y la fuerza espiritual que éstos demuestran. Tanto Tamar como Yosef descubren su fortaleza en su soledad. Iosef se sobrepone y enfrenta a la tentación de la mujer de Potifar. Su conducta es asombrosa. Un esclavo extranjero, solo y carente de derechos se atreve a desafiar y negarse al deseo de la ama.
Tamar, una mujer sola, doblemente viuda, no sólo se atreve a desafiar a su suegro  sino que este es el jefe de la tribu, la cúspide de la pirámide patriarcal, sobre el que descansa todo el orden social.  Una mujer, solitaria, carente de derechos que fue desposeída de todo.

 

CORAZÓN DE LEÓN. Ilustracion de Nora Kimelman
CORAZÓN DE LEÓN. Ilustracion de Nora Kimelman

 

Ambos, Iosef y Tamar, revelan fuerzas espirituales inmensas, uno en la abstención, la otra en la iniciativa y la acción.

Tamar, como otras mujeres de la Biblia, utiliza la seducción  para conseguir su objetivo, como Ester delante de Ajashverosh, como Rut ante Boaz, pero Tamar a diferencia de ambas actúa desde un lugar de profunda soledad, sino de profunda desesperación. No tiene “equipo”, sin Mordejai y sin Noemí. Está sola. Ante lo cual resuenan aún más las palabras de Yehudá: “Ella es más justa que yo” (Gén., 38:26), no solo que tiene razón que está embarazada de Yehudá sino que  Judá reconoce que él no fue justo, al no entregarle a su hijo Shelá. Es justa en el sentido que la justicia está con ella.

Tamar que está a punto de ser quemada en la hoguera sabe que está en lo justo y envía las pruebas a su suegro. No desiste. Su ánimo no cae. Así lo dice el exégeta Sforno “que no cejó su corazón de esforzarse por demostrar su inocencia, a pesar que iban a quemarla, porque su corazón era como el de un león”. Corazón de león hace falta para perseguir la justicia. Corazón de león hace falta para actuar en contra de las convenciones sociales e interpretar la palabra de Dios en su verdad eterna. No tendenciosamente, sin distorsiones, sin intereses personales o grupales, a fin de traer una luz de humanidad a nuestro mundo.