El judaísmo sigue un calendario lunar ajustado al solar, que podríamos llamar un año “lunisolar”.

Las principales celebraciones judías son Pesaj (Pascua), Shavuot (Pentecostés) y Sukkot (Tabernáculos), conocidas también como las fiestas de peregrinación de origen bíblico. 

Otras celebraciones de origen bíblico incluyen Yom Kipur (Día del Perdón) Rosh Ha-Shana (año nuevo) y Purim que conmemora los acontecimientos narrados en el Libro de Ester.

Hay otras conmemoraciones cuyo origen son dictámenes rabínicos posteriores. Algunas de estas son festivas y otras de duelo. Por ejemplo, Simjat Tora, (la alegría de la Torá) celebra el final del ciclo de lectura anual del pentateuco. Hanucá, (Festividad de las Luminarias) que dura 8 días, conmemora la victoria de los Macabeos sobre los griegos seléucidas y la renovación del culto en el Templo de Jerusalén.

Entre los cuatro días anuales de duelos, encontramos el 9 del mes de Av, día de ayuno que recuerda la destrucción tanto del primer como del segundo templo.

Un tercer grupo incluye los días que conmemoran eventos históricos (Día del Holocausto) y días nacionales del Estado de Israel, por ejemplo, el día de la Independencia.

Pesaj: Pascua. Conmemora el éxodo del Pueblo de Israel después de 400 de esclavitud en Egipto. 

Fecha en calendario hebreo: del 15 al 21 del mes de Nissán

Mes en calendario gregoriano: Marzo/Abril

Shavuot: Pentecostés. Después de 7 semanas contadas desde la Pascua, se conmemora la entrega de la Torá a Moisés en el Monte Sinaí. 

Fecha en calendario hebreo: 5 y 6 del mes de Siván

Mes en calendario gregoriano: Mayo/Junio

Sukkot: Tabernáculos. Recuerda las cabañas en las cuales habitaba el Pueblo de Israel en el desierto durante 40 años. 

Fecha en calendario hebreo: Del 21 al 28 del mes de Tishrei

Mes en calendario gregoriano: Septiembre/Octubre

Yom Kipur: Día anual de ayuno y expiación de los pecados, que ocurre en el otoño, diez días después de Año Nuevo; la ocasión más solemne e importante del año religioso judío.

Fecha en calendario hebreo: 10 del mes de Tishrei

Mes en calendario gregoriano: Septiembre/Octubre

Rosh Ha-Shana: Un mandamiento de la Torá instruye que el primer día del mes de Tishrei (primer mes del año) sea un “día de toque de trompeta” o del cuerno ritual o Shofar. Este día se considera como el primer día del año en la cuenta de los años del jubileo.

Fecha en calendario hebreo: Primero del mes de Tishrei

Mes en calendario gregoriano: Septiembre/Octubre

Simjat Tora: En los días de Esdras y Nehemias, el Pentateuco fue dividido en 52 porciones de modo que cada semana del año se lee una. La finalización del ciclo anual de su lectura se conmemora en esta ocasión festiva.

Fecha en calendario hebreo: Septiembre/Octubre

Mes en calendario gregoriano: 28 de septiembre

Hanucá: Fiesta de la Dedicación del Templo en los días de los Macabeos 

Fecha en calendario hebreo: 25 del mes de Kislev al 2 del mes de Tevét.

Mes en calendario gregoriano: Diciembre

El 19 de abril de 1943 estalló el Levantamiento del Gueto de Varsovia. Todas las mañanas, los soldados nazis entraban al gueto para juntar a los judíos seleccionados y llevarlos a la “Plaza de Envíos”, la estación de tren donde abordaban los vagones que los llevarían a los campos de exterminio. Esa mañana, grupos de jóvenes llevaron a cabo un ataque coordinado contra los soldados alemanes que marchaban por las calles del gueto.

Sin embargo, el levantamiento en Varsovia, el 19 de abril de 1943, correspondía ese año al 14 de Nisán, víspera de la Pascua de 5733, que por la cercanía a la festividad judía no era un momento adecuado para conmemorar “otro” evento. 

Finalmente, se determinó que el Día de la Conmemoración del Holocausto se haría una semana después de la Pascua; es decir, el día 27 de Nissan de cada año.

La revuelta del Gueto de Varsovia fue quizás la más importante y conocida de todas, pero las manifestaciones de heroísmo durante el Holocausto fueron muchas y variadas. Las hubo en otros guetos, en los campos de exterminio y en los bosques. Pero el 19 de abril de 1943, quedó grabado en la memoria colectiva judía como una fecha para recordar. 

 

Seis años después, el kibutz “Lohamei Ha Guetaot” (Combatientes de los Guetos), sería fundado exactamente en esa fecha por sobrevivientes de aquellos levantamientos, que deseaban enarbolar el estandarte de la sublevación contra el antisemitismo germano.

En la Israel de los días del mandato británico, hubo quienes usaron la expresión “como ovejas al matadero” para describir a los judíos que fueron a las cámaras de gas sin presentar ninguna resistencia. Esta expresión no es bíblica, pero hay varias similares. Por ejemplo, en el libro de Isaías aparece la frase “como cordero, al matadero fue llevado” (53:7), o en el libro de Jeremías aparece “como rebaño al matadero” (12:3).

Los sobrevivientes del Holocausto tomaron este decir como una expresión de desprecio y por ello decidieron enfatizar que dentro de las terribles circunstancias de la guerra, hubo manifestaciones de verdadero heroísmo.

La fecha de la revuelta del Gueto de Varsovia se fijó debido a su importancia histórica y simbólica, y en la Tierra de Israel se comenzaron a organizar eventos para conmemorar el aniversario del levantamiento del gueto ese día.

Al mismo tiempo, el Rabinato de Israel decidió conmemorar el Día del Recuerdo del Holocausto el 10 de Tevet (cuarto mes del calendario hebreo), el día del Kadish general. Según la tradición, en la fecha hebrea, en el año 588 a.e.c., comenzó el asedio de Jerusalén por Nabucodonosor. 

El asedio terminó un año y siete meses después con la destrucción de Jerusalén y del Primer Templo. Por lo tanto, el Rabinato decidió que este día sería apropiado para el recuerdo de aquellos que perecieron en el Holocausto, cuya fecha de muerte se desconoce y sus familiares podrían practicar las tradicionales costumbres de duelo. 

No obstante, en 1951 el parlamento del Estado de Israel aprobó una ordenanza según la cual el 27 de Nissan sería el “Día del Recuerdo del Holocausto y el Levantamiento de los Guetos”. En 1959 se decretó la ley “Día del Holocausto y el Heroísmo”.

La Asamblea General de las Naciones Unidas definió el 1 de noviembre de 2005, por unanimidad, conmemorar el Día Internacional del Holocausto el 27 de enero. En esta fecha, el campo de exterminio de Auschwitz fue liberado por soldados del Ejército Rojo. 

Muchos países celebran el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto con ceremonias especiales, pero el Estado de Israel se ha adherido a una tradición de 70 años y continúa recordando a las víctimas del Holocausto según la fecha hebrea del levantamiento del Gueto de Varsovia, que este año es el 8 de abril.

El 23 de marzo de 2021, los ciudadanos del Estado de Israel, irán a las urnas para elegir a sus representantes al parlamento, por cuarta vez, en menos de dos años. La política atraviesa una era de inestabilidad desde finales del 2018, lo que ubica a Israel como una de las democracias con mayor frecuencia de elecciones. Este desequilibrio, afecta al país en todos sus aspectos.

Israel es una democracia parlamentaria. En este sistema, la autoridad emana del voto de confianza que el parlamento le concede al gobierno. En hebreo, el parlamento se llama “Knesset”, en memoria de una institución de los días del Segundo Templo, que tenía 120 miembros. Hoy la Knesset cuenta con 120 escaños.

Elecciones Israel

 

Las elecciones a la Knesset se llevan a cabo una vez cada cuatro años, pero la Knesset puede anticiparlas. El 25 de enero de 1949 se celebraron por primera vez elecciones en el Estado de Israel para la Asamblea Constituyente, que se convirtió en la primera Knesset.

En 1992, se promulgó la “Ley de los Partidos”, que estipula que sólo los partidos registrados ante el Registro de Partidos pueden participar en las elecciones y presentar una lista de candidatos.

La cantidad de votos que recibirá una lista o partido en las elecciones, se comparará frente al número total de votos de todo el país y el número de candidatos que ingresarán a la Knesset de la misma lista, dependerá de su poder electoral relativo.

Por ejemplo, la lista “A” recibió el 10% de los votos. Como en la Knesset hay 120 escaños, la lista “A” tendrá 12 miembros en la Knesset.

Una limitación que es importante tener en cuenta es el “umbral electoral”. Este es un número mínimo de votos que debe acumular una lista para que sus representantes sean elegidos a la Knesset. Antes de 1992, el umbral era del 1% del total de votos. Entre 1992 y 2004 se elevó al 2%. En marzo de 2014, antes de las elecciones al vigésima Knesset, se elevó al 3,25%.

En las elecciones para la Asamblea Constituyente, la participación fue particularmente alta, alcanzando el 87%. En las elecciones posteriores, la participación se redujo al 75%. A finales del siglo XX, la participación rondaba el 80% y en el siglo XXI se redujo a alrededor del 70%.

Dentro de los siete días posteriores al día de las elecciones, se publicarán los resultados oficiales. El presidente debe asignar a uno de los miembros de la Knesset la tarea de formar el gobierno. Como no sucede que un partido obtenga más de la mitad de los escaños en la Knesset, el partido que obtuvo el mayor número de votos, negociará con otros partidos para formar una coalición de gobierno de al menos 61 miembros y así obtener el voto de confianza por parte de la Knesset, para conformar el gobierno.

El partido Likud, encabezado por Benjamín Netanyahu, ganó las elecciones de abril de 2019 y las de septiembre de 2019 pero no logró conformar una coalición de gobierno y, por lo tanto, las dos veces, la Knesset se dispersó al comienzo de su mandato. Las elecciones para la vigésima tercera Knesset en marzo de 2020 tampoco arrojaron resultados decisivos. El Likud obtuvo 36 escaños, pero otra vez no logró formar una coalición de gobierno, mientras que los partidos que se le oponían tenía una mayoría de más de 62 escaños creando un frente conocido en la política israelí como “mayoría de bloqueo”. Netanyahu logró formar un gobierno paritario en 2020, pero los miembros no lograron superar sus diferencias y 9 meses después, el gobierno cayó, lo que nos llevó a las actuales elecciones.

Treinta y nueve listas de candidatos se registraron para participar en estas elecciones, pero según las encuestas, solo 14 de ellas tienen una posibilidad real de pasar el “umbral electoral”. A la derecha del mapa político hay tres partidos: “Likud”, “Tikvá Hadasha” (Nueva Esperanza), y “Yemina” (A la Derecha). Estos tres colocan a sus líderes, Guideón Saar, Neftalí Bennett y Benjamín Netanyahu como candidatos para primer ministro. En la extrema derecha se presenta sólo un partido llamado Sionismo Religioso. Hay dos listas conformadas por grupos de judíos ortodoxos (“Shás” y “Yahadut Ha Torá) y una volcada a los judíos que inmigraron de la antigua Unión Soviética (”Israel Beiteinu). La minoría árabe se presenta con dos listas esta vez: “Ha Reshimá Ha Meshutefet” (la Lista Conjunta) y “Ráam” (La Lista Árabe Unida). El centro político tiene cuatro partidos: el Partido Laborista, “Yesh Atid” (Hay Esperanza), “Cajól Labán” (Azul y Blanco) y el Nuevo Partido Económico. Yair Lapid, presidente del partido Yesh Atid, también se presenta como candidato a primer ministro. En el ala izquierda, sólo hay una lista, el partido “Meretz” cuyo nombre es una sigla pero las letras conforman la palabra “Energía”. 

La parashá de esta semana nos presenta dos episodios “fuertes”: el relato acerca Yosef y sus hermanos y el relato acerca de Tamar y Yehudá. Ambos quedaron registrados en nuestra memoria dado su alto grado de dramatismo, sin embargo, no siempre recordamos que un relato está entretejido en medio del otro.

La historia de Tamar y Yehudá interrumpe de manera inesperada la secuencia de los acontecimientos en torno a Iosef. Queda claro que este receso en el relato no es un intervalo literario, sino una insinuación de un mensaje más profundo.

El midrash nos brinda una línea de probable respuesta “y enviaron la túnica de muchos colores y la llevaron a su padre, y dijeron: Encontramos esto; te rogamos que lo examines para ver si es la túnica de tu hijo o no” (Gén. 37:32).

Dijo Rabí Yojanán, le dijo el Santo Bendito a Yehudá: tú le has dicho a tu padre “te rogamos que lo examines para ver “, así te dirán a ti “Te ruego que examines y veas” (Gén. 38: 35)” (Bereshit  Rabá 24).

Así como los hijos de Iaakov enviaron la túnica de rayas y pidieron a su padre que la reconozca así Tamar envía a Yehudá la prenda que le había dejado diciéndole: “Del hombre a quien pertenecen estas cosas estoy encinta. Y añadió: Te ruego que examines y veas de quién es este sello, este cordón y este báculo” (Gén. 38:25).

Parecería que la amarga suerte de Yehudá que debe elaborar el duelo por su mujer y por sus hijos uno tras otros, está relacionada de alguna manera a su participación y conducción en el terrible acto de la venta de Yosef “Sucedió por aquel tiempo que Judá se separó de sus hermanos, y visitó a un adulamita llamado Hira” (Gén. 38:1), el rabino Shimshón Rafael Hirsch interpreta que Yehudá se había alejado de sus hermanos “aquí hay un símbolo  de la tensión y el desmembramiento que estalló entre los hermanos a consecuencia de lo hecho a Iosef, esta tensión fue dirigida sobre Yehudá en especial, quien parece que era el de mayor influencia sobre todos y bajo su conducción aconteció el triste episodio”.

Yehudá desciende de su status de líder entre los hermanos. La acción de los hermanos, y de Yehudá como figura conductora, es un descenso moral, la mayor degradación y deshonra.

Puede ser que exista otra línea de similitud entre los personajes, y  es la valentía y la fuerza espiritual que éstos demuestran. Tanto Tamar como Yosef descubren su fortaleza en su soledad. Iosef se sobrepone y enfrenta a la tentación de la mujer de Potifar. Su conducta es asombrosa. Un esclavo extranjero, solo y carente de derechos se atreve a desafiar y negarse al deseo de la ama.
Tamar, una mujer sola, doblemente viuda, no sólo se atreve a desafiar a su suegro  sino que este es el jefe de la tribu, la cúspide de la pirámide patriarcal, sobre el que descansa todo el orden social.  Una mujer, solitaria, carente de derechos que fue desposeída de todo.

 

CORAZÓN DE LEÓN. Ilustracion de Nora Kimelman
CORAZÓN DE LEÓN. Ilustracion de Nora Kimelman

 

Ambos, Iosef y Tamar, revelan fuerzas espirituales inmensas, uno en la abstención, la otra en la iniciativa y la acción.

Tamar, como otras mujeres de la Biblia, utiliza la seducción  para conseguir su objetivo, como Ester delante de Ajashverosh, como Rut ante Boaz, pero Tamar a diferencia de ambas actúa desde un lugar de profunda soledad, sino de profunda desesperación. No tiene “equipo”, sin Mordejai y sin Noemí. Está sola. Ante lo cual resuenan aún más las palabras de Yehudá: “Ella es más justa que yo” (Gén., 38:26), no solo que tiene razón que está embarazada de Yehudá sino que  Judá reconoce que él no fue justo, al no entregarle a su hijo Shelá. Es justa en el sentido que la justicia está con ella.

Tamar que está a punto de ser quemada en la hoguera sabe que está en lo justo y envía las pruebas a su suegro. No desiste. Su ánimo no cae. Así lo dice el exégeta Sforno “que no cejó su corazón de esforzarse por demostrar su inocencia, a pesar que iban a quemarla, porque su corazón era como el de un león”. Corazón de león hace falta para perseguir la justicia. Corazón de león hace falta para actuar en contra de las convenciones sociales e interpretar la palabra de Dios en su verdad eterna. No tendenciosamente, sin distorsiones, sin intereses personales o grupales, a fin de traer una luz de humanidad a nuestro mundo.

Hasta 1960, más o menos, la Biblia ha sido no sólo alimento espiritual de millones de personas, sino también un referente literario importante: una gran cantidad de alusiones literarias a personajes, situaciones, narraciones, proverbios, etc., bíblicos han poblado nuestra literatura de todo tipo. Incluso en novelas de tema nada religioso la atmósfera de alusiones a la Biblia era constante… incluso en autores insospechados. ¿Por qué no ocurre esto ahora?


Un día, vi a un colega de Facultad, ilustre catedrático de francés, Javier de Prado, enfurecido por los pasillos. Le pregunté:
– ¿Qué te pasa Javier?
– Pues que estoy sencillamente desperado. Estoy explicando en clase a Emilio Zola (novelista francés del siglo XIX, muy famoso por haber dado carta importante de naturaleza en la literatura francesa al realismo más inmoral…, al menos segú algunos: la Iglesia lo condeno al “Índice de libros prohibidos) y no consigo hacérselo entender a mis alumnos… porque ¡no saben nada de Biblia!

Sin embargo, a partir de esa fecha mencionada, más o menos a mediados del siglo pasado, ha cambiado notablemente esta circunstancia y puede decirse que a día de hoy el entorno bíblico ha desaparecido de la literatura La Biblia ha casi muerto como referente literario. ¿Por qué?

Las causas son generales: un ambiente cada vez más laico, ante todo, con un evidente retroceso de las religiones, unido a un notable aumento del interés por la ciencia como marco de nuestra curiosidad. La ciencia en sentido amplio…, incluyendo la ciencia ficción, el espacio y el origen del universo, la electrónica…, la naturaleza como objeto de estudio… todo este conjunto “científico” es la que forma el espacio de alusiones más abundante en las obras literarias de hoy.

En España ha influido también en el retroceso de la Biblia como lectura el que partiéramos de una posición de desventaja respecto a otras naciones: ha sido una tradición inveterada de la Iglesia católica desanimar, o casi prohibir en siglos pasados, la lectura privada de la Biblia, por temor a que los fieles pudieran malinterpretarla. En el semiconsciente de los españoles no existe –como ocurre en otros países, protestantes ante todo- como una de las tareas cotidianas la lectura de un fragmento de la Biblia. La inmensa mayoría de los españoles no la ha leído entera… y muchos también tampoco ni siquiera han leído los Evangelios.

Sin embargo, la Biblia además de un libro de ideas religiosas o de historia, es un libro de lectura entretenida. No toda ella, ciertamente, pero sí en gran parte. Estoy persuadido de que el éxito, en parte de la religión es ser vehicula por un bello elemento literario. En el cristianismo, sin duda alguna. Y en otras religiones también. El Corán, en partes que contienen pocas historias, es un libro bello por su vocabulario, por su ritmo poético, por sus rimas internas. La belleza de su lenguaje contribuye mucho a que la gente se lo aprenda más fácilmente de memoria y a fijar en las mentes el mensaje religioso que contiene.

Hay dos maneras de decir, “Fulanito de Tal es un perverso”. La primera es expresarlo así, tal cual, con una formulación abstracta. La segunda consiste en construir una historia entretenida en la que se pintan unas escenas o situaciones en las que Fulanito actúa como un perverso. No cabe duda de que es mucho más efectiva la segunda manera.

Y eso es lo que hace la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento: contar historias en las que se transmiten mensajes religiosos. Pienso que una buena parte de la pérdida de influencia de la Biblia en la sociedad española es la casi eliminación de la Biblia como lectura en forma de “Historia Sagrada” de los libros de religión de escuelas, colegios e institutos. Con la Historia Sagrada se vehiculaban con facilidad los mensajes religiosos a través del interés que las historias suscitaban en los niños.

No digo que los libros de religión no estén hoy bellamente ilustrados, bien pensados pedagógicamente. Al contrario. En general los libros de texto son hoy mucho mejores que los de antaño tanto en su presentación como en su técnica de comunicación. Pero observo una gran pérdida de influencia en la materia de Religión lo que antes era Historia Sagrada.

Hoy escribe Gonzalo del Cerro a propósito de esta temática y nos ofrece un ejemplo de una bella historia bíblica, que desconocen la mayoría de nuestros niños y que antes todos sabíamos: la de José, hijo de Jacob, vendido por sus hermanos y su posterior buena en Egipto: cómo resiste los deseos de deshonestos de una mala mujer y cómo es encarcelado. Entonces el Faraón tiene unos sueños que sólo José puede descifrar. El monarca, admirado, lo nombra su consejero y primer ministro, cargo en el que triunfa en toda la línea. Sus hermanos, impulsados por una hambruna que se había apoderado de las tierras israelitas deciden ir a comprar trigo a Egipto. José los reconoce y le tiene una trampa amorosa de modo que el final todos deciden irse a vivir a Egipto donde el Faraón le concede una región entera del país para ellos.

Pues bien, esta historia es tan buena literariamente que cumple con ciertas normas que exige Aristóteles en su Poética. (A propósito de la Poética: recordemos que en El nombre de la rosa los crímenes se cometen para intentar que la segunda parte, perdida, de esta obra no llegue a manos del público… tan fundamental era el efecto de la Poética, según pensaba el monje asesino).

Gonzalo del Cerro nos indica cómo

Una de las obras más trascendentales de Aristóteles es la Poética, no demasiado larga, pero especialmente valiosa. Una obra que trata sobre la teoría de la obra literaria. Pues eso es lo que significa etimológicamente Poética, no un tratado sobre “poesía” en el sentido que la palabra tiene en las lenguas modernas, sino un estudio sobre la ”obra literaria” en general.
La Poética contiene palabras básicas que envuelven conceptos fundamentales. La primera es el término que define la obra literaria: Mýthos (mito), exposición o relato de unos sucesos que el autor presenta mediante la Mímesis o imitación de los hechos reales. En diversos pasajes de la Poética deja Aristóteles rastros de su concepto de Mito: Es una “síntesis” de esos hechos imitados (Poét., 6, 1450 a).


En el desarrollo de los acontecimientos, distingue tres partes de la composición literaria, que vienen a ser los elementos constitutivos de la misma: la peripéteia (peripecia), la anagnórisis (reconocimiento) y el páthos (suceso patético). El páthos es el conjunto de hechos dolorosos (Poét., 11, 1452 b). La anagnórisis es “el cambio (metabolé) de la ignorancia al conocimiento” (Poét., 11, 1452 a). La peripéteia es “el cambio de una situación a su contraria” (Poét., 11, 1452 a). La anagnórisis alcanza su mayor belleza cuando va acompañada de la peripéteia, es decir, cuando el reconocimiento provoca un cambio de fortuna en los actores del “mito”.


La Poética de Aristóteles no es, ni en su intención ni en su realización, una Preceptiva Literaria. No establece normas a las que se deban atener los autores de una obra literaria. Describe más bien el sistema que han seguido en la práctica. No dice lo que debe hacer Sófocles en el Edipo Rey, sino lo que hizo. Y eso Aristóteles lo toma y presenta como paradigma.


La Biblia es, al margen de otras consideraciones, una obra literaria en la que convergen grandes genios de la literatura. En ella encontramos pasajes donde aparece reflejada la doctrina patentada por Aristóteles. La historia de José y sus hermanos (Génesis 37-47) es uno de los más bellos relatos (mýthos¬ mitos) de toda la Biblia. La narración goza de una venerable antigüedad, ya que está basada casi exclusivamente en las tradiciones llamadas por los técnicos yahvista (para llamar a Dios utiliza preferentemente el nombre de Yahvé) y elohista (para llamar a Dios utiliza preferentemente el nombre de Elohim), que son las más antiguas del Pentateuco (de los siglos)

 
El páthos está reflejado en las numerosas pesadumbres que jalonan todo el episodio. La anagnórisis constituye el material de la narración en Génesis 45: los hijos de Jacob descubren que “el jefe de toda la tierra de Egipto” era su propio hermano. La peripéteia, como prefería Aristóteles, es aquí la consecuencia inmediata del reconocimiento. Sucede entonces un cambio radical (metabolé). Los hermanos de José pasan, sin solución de continuidad, de una situación desesperada a otra de gozo ilimitado, de la necesidad y el oprobio a la opulencia y a la gloria.

Hasta aquí Gonzalo del Cerro

Es bien visible cómo esta historia de José y sus hermanos vehicula mucho mejor que cualquier formulación abstracta la idea de la conveniencia del perdón fraterno y del premio que Yahvé otorga a los que le son fieles. Y encima se pasa bien leyéndola.

Manuscrito bizantino del siglo XI – apertura del Evangelio de Lucas. Wikipedia

Cuando el término canon es aplicado al Nuevo Testamento (NT), este designa al corpus de literatura sagrada, que se caracteriza por su naturaleza cerrada y su calidad autoritaria, que se origina en la inspiración divina de sus autores. 

Las Escrituras Sagradas fueron consideradas como testimonio fiel de los eventos de la vida de Jesús, desde Su nacimiento hasta Su resurrección, complementadas con Sus dichos y enseñanzas. A los cuatro evangelios se agregaron el libro de Actos, las Epístolas de varios apóstoles, y el libro de Apocalipsis.

La santidad antecedió y pre-condicionó el acto formal de canonización, que en la mayoría de los casos, simplemente colocó punto final a un proceso que se daba por largo tiempo. Su aceptación incuestionable como expresión de la Palabra Divina, las convirtió en fuente de autoridad, lo que le permitió a la comunidad unificar la fe bajo ese canon ampliamente aceptado.

Interesante resaltar que para los primeros seguidores de Jesús de habla griega, el canon bíblico provenía de la traducción de la Biblia llamada Septuaguinta. A fines del siglo primero e.c., algunas escrituras atribuidas a los apóstoles y varias epístolas paulinas ya “rodaban” en manos de círculos cristianos.

Uno de los primeros intentos en solidificar el canon, fue realizado por Marción alrededor del año 140 e.c. Su canon fue rechazado por el cristianismo proto-ortodoxo, al igual que su teología, conocida como “marcionismo”. Muchos estudiosos de la Biblia, han argumentado que la iglesia formuló el canon del NT en respuesta al desafío planteado por Marción.

A principios del siglo tercero, Orígenes, Padre de la Iglesia, ya estaba usando los mismos veintisiete libros del canon católico del NT, aunque todavía existían disputas sobre algunas epístolas y sobre el libro del Apocalipsis.

Eusebio de Cesárea, utilizando la información de Orígenes, creó una lista que detalla en su “Historia Eclesiástica”. En 331 e.c., el emperador Constantino dió la orden de que cincuenta copias de la Biblia fuesen creadas para el uso de la Iglesia en Constantinopla. Eusebio recibió el encargo haciendo de su “lista” el canon de facto

En su carta de Pascua (367 e.c.), Atanasio obispo de Alejandría, redactó una lista exacta de libros que formalmente se convertirían en el canon del NT, usando la palabra “canonizados” (kanonizomena) con respecto a ellos.

El papiro de la Biblioteca Raylands es el texto del AT más antiguo existente

 

El Papa Dámaso I, durante el Concilio de Roma de 382 e.c., promulgó el canon bíblico bajo el Magisterio infalible del Papa y los Obispos. Poco después encargó la traducción al latín de la Biblia (Vulgata), que fue fundamental en la fijación del canon en la iglesia de  Occidente. Otros concilios como el de Hipona (393) y los dos de Cartago (397 y 419), bajo la autoridad de San Agustín, declararon el canon como ya cerrado. El Concilio de Trento de 1546, reafirmó el canon para el catolicismo ante la Reforma protestante.

Existen otros cánones en las iglesias de oriente como el de las iglesias armenia y copta o el de la iglesia ortodoxa siriana basada en su biblia llamada Peshita

Rechazando la doctrina del Magisteruim, la Reforma protestante se centró en la doctrina de la sola scriptura, es decir, la autoridad suprema se origina en las Sagradas Escrituras solamente. El canon de la Biblia protestante, comprende los 39 libros del Antiguo Testamento,  junto con los 27 del NT, para un total de 66 libros contrastando con los 73 de la Biblia católica, ya que excluyó las Escrituras consideradas deutero-canónicas. Martin Lutero consideraba que esos libros no eran iguales a las Escrituras, pero eran útiles y buenos para leer.

 

 

¹Marción fue un teólogo cristiano que vivió en Asia Menor, entre 110 y 160 e.c. Propuso una distinción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento y afirmó que fueron creados por dos dioses diferentes. El Dios de Israel, el Creador del Universo, era un Dios inferior, cruel, y caprichoso, que creó lo mundanal. En contraste, el Dios bueno era el Dios espiritual, que envió a Jesús para salvar a la humanidad. Por consiguiente, rechazó Marción el Antiguo Testamento y los motivos judíos que se filtraron en las Escrituras cristianas y, utilizaba sólo el Evangelio de Lucas que él mismo editó, así como algunas de las Epístolas de Pablo. La oposición a las enseñanzas de Marción fue tan fuerte, que lo llamaron “el hijo del diablo” y fue expulsado de la iglesia en el 144 e.c.