No es sorprendente encontrar una conexión entre la hermenéutica de los autores del Nuevo Testamento y los principios y métodos de interpretación típicos del mundo grecorromano, del judaísmo del período del Segundo Templo y de otros entornos culturales antiguos. Los escritos del Nuevo Testamento nacieron en una situación histórica concreta. Las condiciones materiales, sociales y culturales en las que se escribió el Nuevo Testamento ayudaron a moldear las formas de lectura de las Escrituras adoptadas por sus autores.

Existe un vínculo definido entre la cultura material y la interpretación, es decir, entre los textos y las herramientas disponibles para su interpretación. En el caso de la lectura de las Escrituras en el Nuevo Testamento, observamos varios puntos de contacto con principios, modelos, procedimientos, métodos y técnicas específicos, que reflejan tanto el contexto grecorromano como el judío.

Con relación al contexto grecorromano, la hermenéutica cristiana primitiva da indicios de que tuvo influencia de la exégesis judía desarrollada en el mundo helénico, que a su vez tuvo la influencia del aristotelismo y las prácticas eruditas del Museo de Alejandría. 

La influencia del judaísmo se ve en cómo los escritores del Nuevo Testamento demuestran una convicción, compartida por las más diversas corrientes de la hermenéutica judía, de que las Escrituras son fruto de la revelación divina y fueron escritas “para nosotros”, es decir, no solo para sus primeros destinatarios en el pasado lejano, pero para la comunidad que lee el texto en el presente (por supuesto, la definición precisa de lo que constituyen las “Escrituras” es un tema que requiere atención). La influencia judía también se ve en la forma en que los diferentes métodos de lectura, que los estudiosos designan hoy como midrash, pesher, etc., se pueden observar en el Nuevo Testamento.

Teniendo en cuenta la distancia en el tiempo y el espacio que nos separa del contexto original del Nuevo Testamento, es normal que la lógica interpretativa seguida por sus autores en ocasiones no sea la misma que la nuestra. Y es precisamente porque esta lógica puede diferir de nuestras sensibilidades contemporáneas, y por ello debemos aprender a comprenderla en sus propios términos.

Para comprender esta lógica, debemos tomarnos en serio la distancia que nos separa de los escritores del Nuevo Testamento, que puede ser concebida en términos culturales, históricos, teológicos, etc. Este es el primer paso para comprender con precisión y responsabilidad lo que ellos estaban haciendo al leer sus textos sagrados.

Un buen ejemplo del problema que estoy destacando es la discusión sobre cómo estos autores tratan el contexto original, el significado y la intención de los textos bíblicos que citan. Para abordar este tema, necesitamos una mayor conciencia tanto de la distancia que nos separa del contexto del Nuevo Testamento como de los procesos que realmente están involucrados en la comprensión del texto bíblico. Al contrario de lo que creen muchos lectores modernos, la interpretación de la Biblia siempre ha sido y siempre se verá afectada por muchos factores, que incluyen, entre otros, las tradiciones interpretativas que rodean el texto, las influencias ideológicas y políticas, y los puntos de vista religiosos.

También debemos tener en cuenta que, independientemente de lo lejos que esté la hermenéutica de los escritores del Nuevo Testamento de la nuestra, la misma tiene su propia lógica. Es obvio que esta lógica resuena con principios y prácticas que tenían sentido en la época de los escritores porque eran comunes en su mundo. Pero la historia no termina allí. La hermenéutica de los autores del Nuevo Testamento también tiene una singularidad clara y discernible, basada en nociones específicas sobre Dios, sobre su forma de comunicarse con los seres humanos y sobre el lugar que creían que tenía Jesús en el plan de Dios para la redención del mundo.

En resumen, para entender cómo los escritores del Nuevo Testamento interpretaron la Biblia, debemos entender cómo su lectura refleja el mundo en el que vivieron, pero también cuáles fueron las nociones y principios específicos que guiaron su interpretación.


¹ Profesor de hebreo y Antiguo Testamento en la Faculté Jean Calvin, en Aix-en-Provence, Francia.

LA SINAGOGA

La sinagoga es el centro de la comunidad judía: un lugar de oración, estudio y educación, trabajo de bienestar social, caridad, así como un centro social.

El término hebreo es Beit Knéset (literalmente casa de asamblea), del griego “sinagoga” lugar de reunión, literalmente reunirse juntos.

Algunos judíos usan la palabra “templo” porque consideran que su lugar de reunión es un equivalente o reemplazo del templo. En la literatura rabínica, a veces se hace referencia a la sinagoga como el Mikdash Meat, “pequeño templo”.

LA SINAGOGA

La sinagoga es el centro de la comunidad judía: un lugar de oración, estudio y educación, trabajo de bienestar social, caridad, así como un centro social.

El término hebreo es Beit Knéset (literalmente casa de asamblea), del griego “sinagoga” lugar de reunión, literalmente reunirse juntos.

Algunos judíos usan la palabra “templo” porque consideran que su lugar de reunión es un equivalente o reemplazo del templo. En la literatura rabínica, a veces se hace referencia a la sinagoga como el Mikdash Meat, “pequeño templo”.

  • Sionismo: Movimiento de liberación nacional del pueblo judío. Fundado por el periodista judío austríaco Theodor Herzl en 1897, el movimiento desarrolló un programa político pragmático para el regreso del pueblo judío a la Tierra de Israel, que en ese entonces se llamaba Palestina y estaba en poder del Imperio Otomano.
  • Aliyot: Literalmente, en hebreo significa “ascensos”, en referencia al acto de “ascender” (espiritualmente) o hacer “Alyiá” a la Tierra de Israel. Es decir, el acto de emigrar a la Tierra de Israel se llama “Alyiá”, mientras que  “Alyiot” (plural de “Alyiá”) se refiere a las olas migratorias de judíos a la Tierra de Israel.

 

1. Es muy probable que David nunca haya pisado ese lugar en su vida. Eso no impidió a los antiguos bizantinos, que gobernaron la Tierra de Israel desde el 324 hasta el 638 de nuestra era, creer fervientemente (y erróneamente) que esa monumental estructura era el palacio del Rey David. Luego, con el tiempo, esta tradición perduró visitantes aún creen que el Rey David pasó por ese lugar.

2. En este sitio se pueden apreciar restos arqueológicos de casi todas las épocas de la milenaria historia de Jerusalem, desde los tiempos del Rey Ezequías (fines del siglo VIII a.e.c.) hasta el período británico (1917-1948). Es por eso que existe allí un bellísimo museo que cuenta la historia de Jerusalem inclusive desde la época Cananea y hasta nuestros días. La exhibición es fija y de vez en cuando hay exhibiciones temporarias relacionadas con la historia de Jerusalén. Por las noches hay un maravilloso show que cuenta esa misma historia, pero con luces de láser y sonidos.