SEMANA DE LOS ROLLOS DEL MAR MUERTO

TERMINOLOGÍA BÁSICA QUE NOS PERMITIRÁ ENTENDER MEJOR EL CONTEXTO:

  1. Época del Primer Templo (-1004 a -586):

Época comprendida entre los años -1004 (Cuando David asume como rey de Israel) y el año -586 (cuando el Primer Templo de Jerusalén, construido por Salomón, es destruido). El período del Primer Templo comprende toda la época del reino unificado de David y Salomón como así también los reinos de Judá e Israel.

  1. Época del Segundo Templo (-538 a 135 e.c.):

Época que comprende desde la reconstrucción del Templo de Jerusalén por los judíos que retornaron del exilio babilónico hasta la Rebelión de Bar Kojba que terminó con la aplastante victoria romana sobre los judíos.  Este período está subdividido a su vez por los siguientes:

  • -538 – -332 La época persa
  • -332 – -167 La época helenística
  • -167 – -63 La época hasmonea
  • -63 – 135 La época romana

Cuando hablamos de Jesús y los inicios del cristianismo, nos referimos a esta época.

Otra figura central en esta época es el Rey Herodes.

Esta época se llama Segundo Templo porque comprende el período de la reconstrucción del Templo de Jerusalén, su destrucción por los romanos en el año 70 y el afán de reconstrucción entre los años 132 – 135.

  1. Herodes el Grande:

Rey de Judea (llamado por los romanos también como “Rey de los judíos”) de origen idumeo que reinó la provincia de Judea entre los años -37 a -4. Creador de la dinastía herodiana que duró hasta la destrucción del Segundo Templo en el año 70 y que incluye sus hijos: Arquelao, Antipas, Filipo, su nieto Agripas I y su bisnieto Agripas II. Descripto por diferentes fuentes como cruel, paranoico y asesino, pero también como un excelente constructor. Sus obras arquitectónicas se pueden ver hasta el día de hoy en el Muro de los Lamentos, Cesarea Marítima y Masada, entre otros. Aparece en el Evangelio de Mateo, 2:1-23.

El descubrimiento casual de los rollos por un beduino de la tribu de los Ta’amireh a fines del año 1947 en una de la cuevas cercanas al sitio denominado Khirbet Qumrán, ubicado en la orilla nor-occidental del Mar Muerto, ha resultado ser uno de los hallazgos arqueológicos más sensacionales, si no el mayor, de todos los acaecidos en el siglo XX

Entre 1947 y 1956 se encontraron en once cuevas de la zona aproximadamente 800 manuscritos redactados hace casi 2.000 años, en la época del Segundo Templo (538 A.C.-135 D.C.).

Desde entonces, miles de artículos y libros han tratado de descifrar los misteriosos textos, a fin de poder revelar una realidad del pasado cultural del pueblo de Israel, que era casi totalmente desconocida. 

Sin embargo, en los últimos años la importancia del descubrimiento de Qumrán se ha visto opacada por LA polémica tejida en derredor de los “intereses” políticos detrás de la publicación de los rollos, como lo ejemplifica el libro sensacionalista de Baigent y Leigh llamado El escándalo de los Rollos del Mar Muerto.

Como resultado de ello, el público ha identificado lamentablemente el tema de los rollos con engaños e historias “picantes”, en vez de percibir la real importancia del hallazgo para la comprensión del judaísmo antiguo.

Teniendo en cuenta dicha situación, el presente artículo tiene como principal propósito corregir el actual equívoco. 

En primer término, cabe señalar que hasta el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto en las proximidades de Qumrán, la realidad histórica del judaísmo del Segundo Templo nos era conocida sólo a través de fuentes secundarias, tardías y, en muchos casos, tendenciosas, como Flavio Josefo, el Nuevo Testamento, Filón de Alejandría, la literatura pagana y rabínica.

En consecuencia, dicho hallazgo permitió a los investigadores, por primera vez en la historia, contar con documentación original escrita por judíos que vivieron en esa época, a fin de confirmar, o en algunos casos desdecir, la información obtenida a través de las fuentes clásicas. 

En cuanto al carácter del material descubierto, en Qumrán se hallaron manuscritos que se pueden dividir en tres categorías fundamentales: 

1.  Manuscritos bíblicos 

2. Literatura no-canónica 

3. Literatura sectaria. 

Se hallaron cerca de 200 manuscritos de todos los libros de la Biblia a excepción de uno, el libro de Ester.

Sin duda alguna Masada, ese sitio tan singular, resume en sí todos los dramáticos acontecimientos acaecidos en Judea en el primer siglo de la era común, que concluyeron con la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén a manos de los romanos.

Imagen: Mapa Masada

Como tal, Masada, ese enclave erigido sobre una montaña en el desierto de Judá y reconocido cómo Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, con el museo construido a sus pies, se ha convertido prácticamente en lugar de visita obligatoria para locales y turistas ya desde su excavación por Yigael Yadin en los años sesenta del siglo pasado.

Las excavaciones de Yadin sacaron a la luz entre otras cosas el palacio, las fortificaciones, los reservorios de agua, y los edificios administrativos levantados por Herodes (37–4 AEC).

Pero no de ellos hablaremos hoy, sino de un descubrimiento más pequeño en su tamaño físico, pero no en su importancia histórica: las suertes de Masada.

O mejor dicho:

¿por qué los relatores o compiladores del bíblico Libro de los Reyes decidieron no incluir en éste el relato de una de las batallas más grandes, decisivas e importantes de la época?

Map Qarqar
Imagen 1: Map Qarqar

Corría el siglo IX AEC. La división de los israelitas en dos reinos, Israel en el norte con capital en Samaria, y Judá al sur con capital en Jerusalém, era ya un hecho consumado e irreversible. Pero la dinastía real del reino del norte en esos momentos, la Casa de Omrí, había establecido pactos de alianza con el Reino de Judá y también con el reino fenicio de Tiro.

Las alianzas se sellaron con matrimonios diplomáticos entre las familias reales: Omrí casó a su hijo Acab con la princesa Jezabel, hija del rey de Tiro, y Acab e Jezabel a su vez dieron a su hija Atalía (Ataliáh) en matrimonio al príncipe heredero Joram (Yehorám), hijo de Josafat rey de Judá de la Casa de David.

La alianza tripartita se mantuvo durante todo el reinado de la Casa de Omrí, y trajo consigo un auge económico destacable, entre otras causas por el dominio de los reinos aliados de las rutas comerciales que unían los puertos fenicios sobre el Mediterráneo con el puerto de Eilat sobre el Mar Rojo, y con las rutas de caravanas hacia el oriente.

Ése auge económico, diplomático y comercial trajo consigo también una creciente influencia cultural y religiosa extranjera en los reinos de Judá e Israel, lo cual enardeció a los fervientes defensores del monoteísmo israelita.

Desde el enfoque teológico del Libro de Los Reyes, los reyes de la Casa de Omrí fueron un hato de odiosos pecadores, cuyo summum fue la introducción del culto a los dioses extranjeros Baal y Asherá a manos de Jezabel y su séquito.

Acab (871-851 AEC) fue el rey más poderoso de la dinastía y tal vez el más poderoso de toda la historia del reino del norte.

Parte III: La Casa de David

Otro pasaje impresionante de la estela (línea 10) es el testimonio de que gente de la tribu de Gad vive en la ciudad de Atarot “desde siempre”, coincidiendo con la información de Josué 17 de que la ciudad de Atarot es una especie de enclave de Gaditas dentro del territorio de la tribu de Rubén.

“Desde siempre” se entiende desde tiempos muy antiguos, cientos de años. Pero más impresionante todavía es el relato detallado (líneas 14-18) acerca de la conquista de la ciudad israelita de Nebo.

En la biblia es bien conocido el Monte Nebo, la famosa montaña y sus alrededores en tierra de Moab, lugar del segundo recibimiento de la Ley y de la muerte de Moises, pero nada dice la biblia acerca de una ciudad del mismo nombre, y eso a pesar de las listas detalladísimas de las ciudades de las diferentes tribus, incluidas las dos tribus y media de Cisjordania.

No sólo eso, sino que el relato acerca de la conquista de la ciudad de Nebo es diferente al de las demás ciudades israelitas que Mesha dice haber conquistado. A las demás ciudades por lo general simplemente las enumera.

En unas pocas, como Atarot, nos brinda más información, pero Nebo es especial: a diferencia de las demás ciudades, aquí Mesha dice que se dirigió a la conquista de la ciudad de Nebo por orden explícita de Kemosh “y me ordenó Kemósh: ve y conquista a Nebo de los israelitas”.